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sábado, 13 de enero de 2018

La inocencia de los niños

Esta entrada la acabo de escribir para mi otro blog reciente sobre el Islam que he titulado: llámalo Dios, Allah, karma, destino,universo, pero hay algo ahí. (Cuando esté terminando, lo publicaré)
Y pensé que venía muy bien para este blog sobre Pakistán, ya que se trata de crear conciencia sobre la educación de nuestro hijos, el mundo que le dejamos y lo que compramos que no sea explotación del tercer mundo o de mano de obra infantil.

-Hijo, en tu colegio hay inmigrantes?
-No papá, en mi colegio hay niños


Y así es... Los niños en su inocencia desconocen el complicado mundo de los adultos

Deberíamos educar a nuestros hijos en la tolerancia, respeto y amor al prójimo.

Yo como Técnico en Animación Sociocultural he trabajado en colegios realizando dinámicas, talleres y juegos sobre la diversidad cultural, la tolerancia, el respeto, he organizado temáticas interculturales con los niños para que traigan a clases comidas de otros países y nos hablen y expliquen sobre su país. Eso da apertura mental y conocimiento, eso enriquece el nene y se intenta evitar así, conductas inadecuadas posteriores cuando son adultos.


Aparte de esta reflexión quiero dejaron algo para que reflexioneis y generar conciencia y sensibilizar en el tema de la explotación infantil. Marcas y firmas comerciales que  usan mano de obra infantil para la realización de sus productos:

-Nike.
-Zara.
-

Esto lo sé y mi preocupación por el tema empezó cuando mi ex marido (pakistaní) me contó que el trabajó de pequeño para una fábrica de Zara, allí en su país cosiendo chaquetas. El es sastre y sabe coser muy bien, de hecho era él, el que cosía en casa cuando estábamos casados (yo coser no sé) y pues de repente un día me lo contó.

Os dejo unos artículos y noticias sobre esto:

http://kaosenlared.net/lista-de-empresas-que-se-benefician-de-la-explotacion-laboral-infantil/

https://ecocosas.com/eg/5-empresas-que-producen-usando-esclavos-en-el-siglo-xxi/


El libro negro de las firmas

http://www.elmundo.es/cronica/2001/317/1005552045.html

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